Shanghai, destino art decó

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Entre rascacielos futuristas y viejos templos, la ciudad más poblada de China saca brillo a las joyas arquitectónicas de su pasado colonial.

Shanghai Art Decó. Tal vez no sean palabras que se asocian de manera natural, como Florencia y el Renacimiento, Palencia y el Románico. Pensar en Art Decó es hacerlo en el edificio Chrysler de Nueva York, en la colorida Miami, en algún rincón de Paris, Bruselas, Barcelona, Viena o incluso Tel Aviv. Sin embargo, la ciudad más poblada de China merece figurar por méritos propios por delante de muchos de estos nombres como destino art decó. Su formidable patrimonio arquitectónico construido siguiendo los principios estilísticos de este importante movimiento de principios del siglo XX es uno de los más amplios y representativos del mundo. Ahora sale de esa especie de guarida de curiosos mimbres.

Aires de borrón y cuenta nueva recorren la ciudad más pujante de China
Aires de borrón y cuenta nueva recorren la ciudad más pujante de China con vocación de abrirse al mundo y estos aires parecen poner en valor como un atractivo turístico más este legado. Si Miami ha sabido explotarlo hasta límites insospechados como parte de su singularidad, el caso de Shanghai ha sido exactamente el contrario hasta fechas recientes. Porque esos edificios elegantes, funcionales y de innegable personalidad eran huella evidente de un pasado que nadie estaba demasiado dispuesto a airear.

Denostados por la inteligencia salida de la Revolución Cultural y semiescondidos por un Gobierno deseoso de olvidar la humillante época colonial que siguió a las Guerras del Opio, su destino fue durante décadas el ostracismo, cuando no la simple destrucción. Con la vocación exterior, la apertura y el impulso por convertir a la ciudad en una de las grandes megalópolis del siglo XXI, ha llegado también su reconocimiento.

La rive gauche de Oriente

Los edificios art decó se incluyen ahora en folletos y guías de viaje, hay placas conmemorativas que recuerdan su origen y numerosos guías especializados muestran la parte decó de la ciudad que vio nacer al Partido Comunista Chino. Los barrios construidos por los occidentales durante el periodo de ocupación, especialmente la llamada Concesión Francesa, se han vuelto hipsters y acogen coquetos restaurantes y tiendas independientes. Pocos objetos, bien presentados y bien escogidos, es decir, la antítesis de los chinos de tantas ciudades españolas. Voilá la nueva rive gauche de Oriente.

Sus apartamentos decó figuran en libros de arquitectura, como los Grosvenor House o Cathay Mansions
Las nuevas fortunas de una de las economías más pujantes adquieren apartamentos de fantástica arquitectura: el made in France ya no es el enemigo, sino el principal objeto de deseo. Se pueden ver sus lujosos coches con los cristales tintados aparcados junto a estos magníficos apartamentos decó cuyas fotos figuran en libros de arquitectura, como los Grosvenor House o Cathay Mansions.

Shanghai acogerá el próximo mes de noviembre el Congreso Mundial sobre Art Decó, una cita que se celebra cada dos años desde 1991 y que reúne a aficionados y expertos de todo el mundo en una ciudad con importante patrimonio de este estilo. También en esto, ahora es el turno de China.

Ciudad incólume

La mayor parte de estos edificios se concentran en aquellas zonas de la ciudad ocupadas durante casi un siglo por las fuerzas occidentales, léase Francia, Gran Bretaña y EEUU. A diferencia de otras ciudades con construcciones de este estilo, los edificios no sufrieron daños durante la II Guerra Mundial, ni durante el periodo de ocupación japonesa y, lo que es más importante, Shanghai no registró los efectos de la Gran Depresión.

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Shanghai fue la quinta urbe del mundo.

Arquitectos norteamericanos y europeos abrieron estudios en la ciudad después del estallido de la crisis, huyendo del parón económico constructivo de sus países de origen y probando fortuna en Asia. En los años 30, el periodo cumbre del estilo decó, Shanghai era la quinta ciudad más importante del mundo. Los estrenos de Hollywood llegaban antes que a París en una urbe que concentraba lujo y lujuria, juego y opio, exotismo oriental y refinamiento occidental, misioneros, espías, empresarios y aventureros.

El Bund, el nombre que dieron los británicos a la zona del malecón, es uno de los grandes escaparates de estos imponentes edificios que se intercalan con otros de corte neoclásico y hasta renacentista. Una de las zonas más transitadas por los turistas hoy fue la preferida hace un siglo para construir importantes sede de bancos, compañías de seguros, navieras y grandes hoteles. Los más destacables son el antiguo Shanghai Club, la sede primigenia del banco HSBC, Peace Hotel (hoy Fairmont Hotel), Hamilton House, Customs House o Broadway Mansions.

Jazz en vivo

Fuxing Park, en el corazón de la antigua Concesión Francesa, es la segunda gran área que concentra los edificios decó. Merece la pena pasear sin prisa por sus calles arboladas de cierto aire parisino y pararse ante el Cine Cathay, los hoteles Jin Jiang y Okura Garden. En el Paramont, el que fuera más celebre nightclub de la ciudad, todavía fue disfrutarse de jazz en vivo. Eso sí, con cierta nostalgia.

Y un último vistazo ha de ser para el Jai-Alai, o lo que queda de él, probablemente el club de pelota vasca más exótico del mundo, construido por un arquitecto español Abelardo Lafuente, que fue Asia a hacer fortuna y firmó alguno de los edificios más emblemáticos de la ciudad.

Fuente: Ocholeguas