Rusia sigue utilizando las redes sociales para influir en EE UU

Donald Trump da un discurso. /AFP

Donald Trump da un discurso. / AFP

La batalla continúa porque la inversión es mínima, los réditos políticos son muchos, y las consecuencias punitivas son mínimas

Desvelar la interferencia rusa en las elecciones de 2016 y tomar medidas contra su gobierno no sirvió para ponerle fin. Al contrario. Desde que el escándalo de Cambridge Analytica dejara al descubierto que Facebook, Twitter y YouTube eran cómplices involuntarios de la victoria de Donald Trump, la inteligencia rusa, como cualquier virus, simplemente se transformó y se propagó a otras plataformas más pequeñas y vulnerables, a menudo emergentes.

Esa es una de las conclusiones del informe que han preparado para el Comité de Inteligencia del Senado el Proyecto de Propaganda Informática de la Universidad de Oxford y la firma de análisis Graphika. Los esfuerzos de la Agencia de Investigación de Internet rusa (IRA, por sus siglas en inglés) no empiezan ni acaban en 2016. De hecho, el informe de 47 páginas estudia su infiltración entre 2012 y 2018 hasta concluir que contaminaron las principales redes sociales con vídeos e información destinados a favorecer la elección del presidente Donald Trump y, más adelante, para ayudarle en su agenda de gobierno.

El virus no desaparece, evoluciona y se multiplica, aprende de sus propios errores, se vuelve más sofisticado y se propaga por el globo terráqueo. Se trata de la radiografía más detallada que se haya hecho hasta la fecha sobre esos esfuerzos, aunque la conclusión sea la misma que ya tuvo sobre la mesa de su despacho Barack Obama, firmada entonces por los servicios de inteligencia. «Lo que está claro es que todos los mensajes buscaban claramente beneficiar al Partido Republicano y específicamente a Donald Trump», sentencia.

Con toda la información a su alcance sobre el perfil de los usuarios de esas plataformas sociales y los sofisticados algoritmos que permiten predecir su comportamiento, basándose en información aparentemente inocente, los troles del IRA apuntaban a grupos de extrema derecha para incentivar el odio y el miedo hacia las minorías. Y a la vez intentaban «confundir y desincentivar» a estas para que no votaran.

Un segundo informe elaborado para el Comité de Inteligencia del Senado por investigadores del New Knowledge, la Universidad de Columbia y Canfield Research abunda en este último aspecto. Los troles rusos «apuntaron a la comunidad negra mediante un amplio abanico de plataformas multimedia bien conectados con los afroamericanos para crear un ecosistema influyente». Latinos, gais, musulmanes, veteranos… Se trataba de fragmentar a la sociedad en grupos sociales para infiltrarlos y envenenarlos emocionalmente. Más de mil vídeos sirvieron de anzuelo para identificar a los usuarios más reactivos que alimentaban la base de datos con sus comentarios y un simple click de ‘Me Gusta’ o ‘No me Gusta’. Los repicaban y generaban conversaciones de las que los agentes del IRA tomaban nota.

Ahora es el fiscal especial Robert Mueller el que les vigila a ellos, tras haber imputado ya a tres compañías y 13 ciudadanos rusos. Cuando la atención de las investigaciones se centraron en Facebook y Twitter, de las que se salían asqueados muchos usuarios, los troles mutaron y se hicieron fuertes en Instagram, otra plataforma más de moda que «probablemente sea el campo de batalla» en las próximas elecciones. Esa plataforma, también de Facebook, casi dobló el número de interacciones que se registraron en la nave nodriza de Mark Zuckerbeg, creador del monstruo del que se han apoderado los rusos.

La batalla continúa, porque la inversión es mínima, los réditos políticos, muchos, y las consecuencias punitivas, mínimas. «Parece probable que EE UU siga enfrentando la injerencia rusa en el futuro», concluye el informe.

Fuente: hoy.es