Los drones vienen de China

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En tecnología el estereotipo está claramente definido. Las empresas occidentales diseñan en casa pero fabrican en China. Las empresas chinas, en cambio, no diseñan. Básicamente esperan a que los procesos de fabricación estén ya desarrollados e inundan el mercado de alternativas a precio más bajo.

Pero el estereotipo no se ajusta a la realidad. En los últimos años se ha hablado de la inevitabilidad del ascenso de China como potencia, también, en diseño e innovación. Las nuevas generaciones han aprendido las lecciones y están en mejores condiciones de competir en el mercado global con las grandes empresas tecnológicas de EE.UU., Corea, Japón o Europa.

Hoy vemos los primeros ejemplos. Xiaomi suele ser el primero que viene a la cabeza. Ha conseguido crear un modelo de negocio y una imagen de marca que rivaliza con la de Apple o Samsung. Está creciendo rápidamente y es ya el tercer fabricante de smartphones. Su catálogo de productos, sin embargo, va más allá: televisores, baterías, auriculares… es la nueva marca de referencia en electrónica de consumo.

Pero he aquí un ejemplo aún mejor: DJI. La empresa tiende sólo cinco años de historia, pero se ha convertido en el referente en fabricación de drones para uso comercial. Está valorada en 10.000 millones de dólares y acaba de recibir una inversión de 75 millones de dólares de Accel Partners para desarrollar vehículos industriales.

La compañía acaba de lanzar al mercado Phantom 3, la tercera generación de vehículos voladores autónomos, y espera facturar este año casi mil millones de dólares vendiéndolos. Si buscas un dron para fotografía o vídeo, es muy probable que acabes volando uno de los suyos.

Hasta hace sólo unos años estos vehículos eran un producto claramente enfocados a los entusiastas del radiocontrol, la electrónica, la robótica o el vídeo. Un hobby. Pero al igual que Apple en los 70, DJI ha conseguido transformar el hobby en un negocio y en lugar de hacerlo desde un garaje de Silicon Valley lo ha hecho desde un apartamento en Shenzen. Forbes publica este mes un extenso perfil sobre su fundador Frank Wang Tao. El enlace está en inglés, pero merece la pena leerlo.

¿Qué preocupa a Frank Wang Tao ahora que su negocio se ha establecido? Curiosamente el espionaje industrial, la plaga de Shenzen. Dos de sus empleados han robado recientemente planos y modelos de sus productos para vender a un competidor. Uno que posiblemente podrá un dron a la venta, pronto, a un precio menor.

Fuente: El Mundo