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La sombra del Teide acarició la superluna justo antes del eclipse

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Varios fenómenos astronómicos coincidieron ante el ojo humano en la cumbre del volcán.
Solo 356.878 kilómetros separaban a la Luna de la Tierra cuando el planeta se iba a interponer entre su satélite y el Sol, provocando el último eclipse lunar que se verá en Europa hasta 2018. Tan cerca estaban que el satélite parecía —casi a simple vista— más grande de lo normal, provocando la llamada superluna. Pero hubo un punto del planeta en el que ocurrieron más cosas: el volcán tinerfeño del Teide, donde se pudo asistir a otro alineamiento singular, junto al de la Luna, la Tierra y el Sol. Allí, la sombra del volcán se estiró hacia el cielo, coincidiendo con la luna llena y el ocaso solar, en uno de los fenómenos más espectaculares que pueden observarse, al rozar con su pico la luna llena a punto de eclipsarse.

Este fenómeno, descubierto en 2001, sucede cuando el Sol se pone y el Teide comienza a proyectar su sombra sobre el Parque Nacional, después a lo largo de toda la isla de Tenerife, hacia el mar, y más adelante cubriendo la isla de Gran Canaria hasta que su silueta se dispara hacia el cielo, proyectándose sobre la atmósfera. Si en ese momento, como muestra el vídeo (cortesía de Teleférico del Teide), el ocaso coincide con la luna llena, se produce esa caricia del Teide a la Luna. La sombra del volcán se convierte en un triángulo perfecto que se estira hacia el cielo: una forma que no se debe a la silueta real del volcán, sino a la conjunción de los rayos solares al proyectar su sombra, formando un punto de fuga sobre la atmósfera como el de un camino que se pierde en el horizonte.

La sombra del volcán se proyecta hacia la atmósfera, junto a la superluna, dejando el Observatorio del Teide a la izquierda. / J. S.
La ventaja del Teide para observar el eclipse no se debe solo a sus 3.718 metros: desde el archipiélago canario, la Luna estará muy alta, 60º sobre el horizonte, 25º por encima de la media europea. Esto supone una observación más directa, con «menos atmósfera» que se interponga en su contemplación. Por eso, fue un lugar privilegiado para ver esta notable superluna, que asomó por el horizonte a las 19.34 hora local canaria y que saludó a la sombra del Teide casi exactamente en el este, al estar tan cerca del equinoccio de otoño, según explicó Miquel Serra-Ricart, responsable del observatorio astronómico ubicado en las faldas del volcán tinerfeño. «En esta ocasión, la luna es algo así como un 25% más luminosa de lo normal y entre un 9% y un 10% mayor en su diámetro», apunta el astrofísico, que recuerda que no se volverá a ver el eclipse con estas mismas condiciones —de una «super-superluna» como esta— hasta 2033.

Fuente: El País

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