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Incursión familiar en Boston

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Cosmopolita y local, intelectual y canalla, esta urbe americana meca de cualquier estudiante del mundo está regada de ganchos para todas las edades. Estos son ocho imprescindibles bostonianos si viaja en familia. Y recuerde que si ganan los Red Soxs, los niños comen gratis…

Es una ciudad limpia, manejable y está repleta de tesoros históricos. Notará que tampoco le faltan Dunkin’ Donuts… ni orillas a las que asomarse. Porque Boston, una de las ciudades fundadoras del país, siempre miró al mar, pero se zambulle con gusto en el Charles, ese río de grandes regatas, paseos y picnics.

1. Una excursión ballenera

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El puerto desde el catamarán.

El tamaño importa en el New England Acuarium. Se dará cuenta nada más cruzar el umbral y toparse con los pingüinos más pequeños del mundo. Aquí y allá, los niños tocan una estrella de mar, examinan un misterioso crustáceo o cuentan los tiburones del caleidoscópico tanque central… Lo que no sospechan es que anclado, fuera, les espera un catamarán velocísimo que todos los días, entre abril y octubre, zarpa rumbo al Stellwagen Bank, el santuario donde retoza el mamífero más grande de las aguas, la ballena. Si no viera un ejemplar de estos maravillosos especímenes, guarde el ticket porque podrá volver a embarcar el día que elija. Y si después de la aventura cetácea necesita repostar, justo frente al puerto diríjase a Quincy Market, con más de cien puestos, tiendas y restaurantes… sin duda uno de los imanes turísticos de Boston.

2. El North End a bocados

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Garitos italianos del North End.

Sumergirse en el Little Italy de Boston es retroceder en el tiempo, pero también es rodearse de aromas irresistibles. Estamos en el barrio más antiguo de la ciudad, fundado por los puritanos ingleses en torno a 1630, aunque hoy está trufado de populares restaurantes y pastelerías italianas… elegir no es fácil, pero casi cualquier garito es buena opción para darse un festín de pasta. Otra posibilidad es apuntarse a un tour culinario. Por cierto que puede culpar de las largas y perennes colas de Hanover Street a Mike’s Pastry y Modern Pastry, dos pastelerías que venden los cannolis más famosos y deliciosos de Nueva Inglaterra.

3. Siguiendo el Freedom Trail

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Paseo del Freedom Trail.

Boston encendió la mecha de la independencia de EEUU y hoy es imposible abandonar la ciudad sin empaparse de este capítulo de la Historia. Para esto está el Freedom Trail, un recorrido por 16 rincones clave en la sublevación contra la metrópolis. El propio barrio italiano, el corazón del trail, acoge la casa de Paul Revere (el héroe más célebre de la revolución), donde te haces una idea perfecta de cómo vivían los colonos hacia 1770; también es muy popular la Old North Church, cuyos faroles encendidos alertaron a Revere del movimiento de las tropas inglesas. Aunque la mayoría de los turistas empiezan el recorrido en el Boston Common, pruebe a hacerlo al revés si viene con niños. De esta forma empezará con el Old Ironsides, la impresionante fragata USS Constitution, y el Monumento a la batalla de Bunker Hill, dos sitios históricos que entran muy bien por los ojos.

4. Un viaje en cisne

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El célebre barco-cisne.

Sí, el Common es el parque más antiguo de EEUU (1634), pero es su vecino, el Boston Public Garden el que ofrece a los niños una de las experiencias más bostonianas que existen: una vuelta en los barcos de cisnes. Estas embarcaciones infantiles marcan la llegada de la primavera a la ciudad desde 1877. El paseo dura 15 minutos y pedalean por usted, así que puede ser un pequeño pero merecido descanso en un día de mucho turisteo. Y no se rasgará el bolsillo: 3 dólares los mayores y 1,50 los pequeños… Desde Gary Cooper a Cindy Lauper pasando por Matt Damon han montado en este icono de la ciudad, aunque si su prole es de más acción, opte por los Boston Duck tours, esos vehículos anfibio de la IIGM, o el Codzilla, que va por el mar a 65 kilómetros por hora.

5. Eureka en el museo

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El interior del museo.

El Museo de la Ciencia es imprescindible, un lugar abarrotado de artilugios y gadgets que se pueden (y se deben) tocar, tirar, espachurrar…lo que uno quiera. También es museo de ciencias naturales y cuenta con un planetario, un cine IMAX y grandes exposiciones temporales sobre civilizaciones antiguas. Desde el museo, que extiende sus dominios junto al río, puede darse un bucólico paseo entre gansos por el Esplanade. La rivera del Charles está salpicada de columpios para niños y lugares para alquilar un bote y comprar una limonada… todo esto mientras camina hacia Cambridge, ya al otro lado del río.

6. El atractivo de Cambridge

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Cambridge y sus estudiantes.

Lo mejor de la visita al campus de Harvard es que te hace desear ir a Harvard. Esto para muchos mayores es más bien imposible, pero no para sus hijos adolescentes. A ellos les encantará deambular por esta señera institución que acoge a brillantes estudiantes, pero también recoletos restaurantes, pequeñas librerías, tiendas llenas de camisetas y sudaderas de la universidad… Para aprender la historia de Harvard eche un vistazo a Memorial Church. También puede visitar alguno de los pequeños pero excepcionales museos, como el Peabody Museum de arqueología. Y a partir del 16 de noviembre de este año también podrá visitar el nuevo Harvard Art Museum, que por primera vez reúne los museos Fogg, Busch-Reisinger y Sackler bajo un mismo edificio diseñado por Renzo Piano. De vuelta al centro de la ciudad, y ya que estamos en plan centros de enseñanza inspiradores, deténgase en MIT, el otro gigante intelectual de Cambridge.

7. El mundo Lego

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La Biblioteca Pública en Lego.

Todos los nerds de MIT jugaban con Lego de pequeños, así que tiene sentido que la siguiente parada la hagamos en el Legoland Discovery Center de Boston, inaugurado este mismo año. Se trata de una mezcla entre parque de atracciones, museo para niños, tienda de juguetes (no faltaba más) o un altar para los icónicos bloques de colores daneses… pero a sus fieles seguidores en todo el mundo les fascina. Aquí verá réplicas de muchos de los edificios singulares de la ciudad, así como un cine de películas en 4D (3D más viento, lluvia, rayos y truenos), algunas atracciones y una academia de construcción para los más aficionados. La visita es ideal para ocupar dos o tres horas, especialmente si el clima juega una mala pasada.

8. Un templo del deporte

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El mítico estadio.

El otro templo de la ciudad, uno al que peregrinan cada año estadounidenses de todas partes, es el emblemático Fenway Park, el hogar de los Red Soxs en pleno centro de Boston. Si no puede conseguir entradas o el mítico equipo de beisbol juega fuera, puede hacer un tour por el estadio o tomarse algo en el célebre pub Cask ‘n Flagon. Y aunque no le seduzca el béisbol, estar pendiente de los Red Soxs en Boston tiene premio: los niños comen y beben gratis (postres incluidos) cada vez que el equipo gana en restaurantes como los Ninety Nine. Y no son los únicos. Existen muchos restaurantes que con tal de atraer a los padres ofrecen cenar a los niños gratis. Puede ver toda la lista en webs como My Kids Eat Free.

Fuente: Ocholeguas

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