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Es posible que los ríos de Marte fluyeran durante más tiempo del que se creía

Aunque los científicos pensaban que el periodo cálido y húmedo del planeta fue relativamente breve, un estudio sugiere que estos ríos podrían haber permanecido en la superficie más tiempo del que se creía.

Se ha programado que el róver de la NASA Mars 2020 aterrice en el cráter Jezero, una depresión de 45 kilómetros de ancho que habría albergado un lago, según los científicos. Esta imagen compuesta, sacada utilizando dos instrumentos del Mars Reconnaissance Orbiter de la NASA, muestra el antiguo delta fluvial de Jezero, que los investigadores quieren explorar en busca de indicios de vida microbiana pasada.

La superficie del Marte moderno es un recuerdo reseco del agua pasada. Lo poco que queda de este líquido vital gotea de rezumaderos salados estacionales, languidece en embolsamientos en forma de lagos subterráneos o permanece congelado en capas de hielo.

Con todo, las rocas oxidadas de Marte son un registro de un planeta lleno de agua. Profundos valles atraviesan el paisaje salpicado con lechos lacustres secos, conos de deyección y guijarros lisos. Aunque los científicos calculaban que el periodo cálido y húmedo del planeta fue relativamente breve, un estudio publicado en Science Advances sugiere que estos ríos podrían haber permanecido más tiempo del que se creía.

Desde su composición rocosa a su potencial para albergar vida, Marte ha intrigado a la humanidad durante miles de años. Aprende cómo el planeta rojo se formó a partir de gas y polvo y qué implican sus casquetes polares para la vida tal y como la conocemos.

Según el nuevo análisis, estos antiguos canales son más anchos que los canales similares de la Tierra moderna. Es más, el agua fluyó por estas formas del relieve en lugares de todo el planeta entre hace 3.400 y 2.000 millones de años. Se trata de un periodo de la historia marciana en el que muchos científicos creen que el planeta rojo ya se estaba secando.

«La historia tradicional sobre el clima de Marte es que antes era cálido y húmedo, y ahora es frío y seco. Pero las pruebas apuntan a que la evolución climática de Marte es más compleja», escribe por email Kathryn Steakley, del Mars Climate Modeling Center de la NASA, que no participó en esta investigación.

La mención del agua en Marte siempre suscita emoción, ya que donde había agua, también podría haber existido la vida tal y como la conocemos. Pero es pronto para empezar a pensar en nombres para los marcianos fósiles. Aún quedan muchas incógnitas respecto a lo que ocurrió durante este extenso periodo del pasado de Marte y cómo se llenaban los ríos en las condiciones cambiantes.

«En realidad, dificulta el problema de descubrir qué permitió que el Marte primitivo fuera cálido y húmedo, un problema de por sí difícil», afirma el coautor del estudio Edwin Kite, científico planetario de la Universidad de Chicago.

Ríos llenos, lagos secos

Aunque la atmósfera actual de Marte es demasiado pobre como para atrapar una gran cantidad de calor del sol, muchos científicos están de acuerdo en que es probable que una versión más densa envolviera el planeta rojo y fomentara un mundo más húmedo. Pero el planeta no tenía un tiempo tropical, ni siquiera entonces. El antiguo sol era entre un 25 y un 30 por ciento más débil que hoy, lo que significa que el terreno rocoso de Marte recibía mucha menos radiación solar.

«La situación siempre estuvo al límite de poder albergar agua que fluía sobre la superficie», afirma Alan Howard, del Instituto de Ciencias Planetarias de Tucson, Arizona, que no participó en la investigación.

Existen unos cuantos factores que podrían haber facilitado este acertijo líquido. En la Tierra, nuestro núcleo externo estimula un campo magnético protector que evita que el viento solar arranque nuestra atmósfera relativamente densa. Es probable que ocurriera lo mismo en el Marte primitivo. Y quizá la mezcla de gases fuera diferente a la de la atmósfera actual de Marte. Por ejemplo, algunos expertos sugieren que las erupciones volcánicas emitieron gases de efecto invernadero al cielo marciano.

Independientemente de cómo ocurriera, este periodo cálido y húmedo no duró mucho. La antigua atmósfera parece haber sido borrada lentamente y, con ella, desaparecieron muchos de los lagos y ríos marcianos. Al principio, Kite y sus colegas pensaron que, tras esta época, mientras que los ríos persistían en latitudes más bajas, los torrentes se convirtieron en un goteo.

«Esa era la hipótesis», afirma Kite. «Pero nos equivocábamos».

Siguiendo la corriente

Gracias a la impresionante resolución de los instrumentos que orbitan Marte, como el High Resolution Imaging Science Experiment (HiRISE), los investigadores fueron capaces de analizar las dimensiones de más de 200 antiguos lechos fluviales. Basándose en el tamaño de los canales, el tamaño de los meandros y las edades relativas del terreno circundante, el equipo determinó una curiosidad persistente y un periodo tardío de escorrentía de líquidos.

Aún no está claro que provocó estas corrientes en una época tan inesperada. Algunos investigadores, entre ellos Kite y su equipo, están estudiando si podrían aparecer nubes de hielo de agua en bajas presiones atmosféricas. Dichas nubes todavía se ciernen sobre el Marte actual y, si fueran más densas, podrían atrapar el calor suficiente para derretir hielo y nieve. O quizá la datación de la formación de ríos sea incorrecta, lo que implicaría que los canales se formaron durante una época anterior, cuando una atmósfera más densa calentó la capa de nieve marciana.

Kite reconoce que, sin mejores estimaciones de la profundidad de los canales o la profundidad de los sedimentos, es complicado determinar la cantidad precisa de agua que los atravesó. Howard coincide en que la anchura no lo revela todo y señala que esta medición podría inflar ligeramente las estimaciones, ya que el caudal de un río podría no abarcar el canal entero.

Con todo, basándose en la información con la que cuentan, «creo que la premisa básica y las conclusiones que sacan —que había un caudal relativamente considerable— son realistas», afirma Howard.

Según Kite, los científicos podrían obtener aún más pruebas dentro de poco: se ha programado el aterrizaje del róver Mars 2020 en el cráter Jezero, que contiene uno de estos deltas fluviales. Ese róver puede obtener imágenes de los sedimentos, que podrían ayudar a los científicos a determinar cuánta agua fluyó dentro del cráter. Sin embargo, la única solución definitiva, aunque muy poco realista, sería enviar un orbitador a hace miles de millones de años para que compruebe la superficie del planeta rojo.

Como dice Howard, riendo: «eso destruiría toda la polémica y el interés de intentar recomponer el puzle de las escasas pruebas con las que contamos en la actualidad. Y la ciencia sería menos interesante».

Fuente: nationalgeographic.es

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