Las siete semanas santas que vivirás a lo largo de tu vida

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No todo el mundo celebra estas fiestas pero sí que afectan a todo el mundo y de manera muy distinta.

Uno
Vas de la mano de tu madre, que es algo así como tu diosa pero más accesible y menos temible. Tienes seis años, cualquier cosa que pase a tu alrededor te despierta curiosidad. A veces la curiosidad viene dada por el miedo, como los capuchones que te recuerdan al Ku Klux Klan. Otras veces viene dada por el orgullo, como cuando ves a tu hermano mayor de costalero, con la cara como un tomate de aguantar el peso de la figura; o la envidia de ver a tus compañeros de colegio en la procesión, siendo objeto de atención de todo el mundo. Tú no estás en la procesión; tú miras, como todo el mundo, en silencio.

Dos
Estás detrás de tu padre, que es algo así como tu dios pero menos accesible y más temible. Tienes doce años. Te han obligado a ir con ellos. Como cada año. No es una cuestión de fe sino de familia. Hay cosas que tienen que hacerse. Porque sí. Desde ver las procesiones en familia hasta creer en algo, lo que sea. No haces mucho caso a la procesión. Toda tu energía está concentrada en una sola cosa: que se note tu desagrado. Te desagrada la devoción de tu abuela, que no aparta la mirada de los pasos; te desagrada la indiferencia de tus padres a tu desagrado. A ellos solo les interesa que tú estés ahí con ellos, no importa que sea de morros y resoplando. Tu sola presencia, aunque sea hostil, les reconforta. Como un dios. Tú eres el dios de tus padres, absolutamente inaccesible y temible.

Tres
Dejas atrás a tus padres viendo la procesión. Tú has quedado. Tienes 16 años y desprecias la religión y las tradiciones, desde las sociales como la Semana Santa hasta las más inocentes, como hacer cosas en familia; has olvidado (mentira) el nombre del santo o el mártir o el paso al que rendía culto la cofradía de tu padre. Tu nueva cofradía te espera. Tu pandilla. Tus amigos son todo lo que te importa, todo en lo que crees. Te has convertido a un culto politeísta. Siempre llegas tarde, pero basta que la gente te lo impida para que te resulte insoportable hacer esperar a tus amigos. Os pasáis la tarde de risas, construyendo una mitología propia, improvisada y cambiante, que también olvidaréis (mentira).

Cuatro
Estás rodeado de tus amigos. Habéis quedado para ver la procesión. Por curiosidad. No teníais nada mejor que hacer, así que os habéis animado a ver qué se cuece. No paráis de hacer comentarios sobre lo siniestros que son los uniformes y lo absurdo que es cargar con una estatua. Y claro, la gente a vuestro lado os llama la atención. Los jóvenes no respetáis nada. La única diferencia que encuentras entre una procesión de Semana Santa y el desfile de los Reyes Magos es que en la segunda regalan caramelos. Es una fiesta. La Semana Santa no te parece festiva. No te parece nada, porque a los 20 años la Semana Santa no existe en tu pensamiento; pero si pensaras algo de ella sería negativo. A tu edad ver una una procesión únicamente puede darse como plan improvisado –y, dicho sea de paso, muy poco probable- que solo sirve para llenar un vacío. Un vacío que nada tiene de religioso.

Cinco
Te pasas el día sacando el móvil del bolsillo para ver si hay alguna novedad. Tienes 30 años. En Facebook e Instagram varias personas –amigos, según las redes sociales- han publicado fotos de procesiones, por la belleza folclórica de estas o por el fanatismo que evocan; en Twitter solo hay comentarios críticos, cuando no claramente ofensivos. Tú también publicas algo, cualquier cosa. Quieres interacciones. Los ratos que no estás mirando la pantalla del móvil los pasas buscando tu reflejo. Cada vez que el metro atraviesa un túnel aprovechas para peinarte; el escaso reflejo en los escaparates es más que suficiente para comprobar que no llevas la camisa arrugada. Valoras tu imagen. Le rindes culto. Tú eres tu propio dios, y no hay deidad menos piadosa –y más exigente- que tú mismo.

Seis
Estás en cama con tu pareja, a quien adoras. Tienes cuarenta años y un trabajo, y las dos cosas te pesan. Hoy es festivo (jueves santo o viernes santo o domingo de ramos), y si quisieras rezar lo harías en casa. Pero no quieres rezar. Quieres descansar. Y eso haces todo el día. Desayunas tranquilamente con tu pareja. En las noticias ves diferentes formas de pasar la Semana Santa, entre ellas gente autoflagelándose. Tú prefieres descansar. Echáis una siesta como Dios manda con el épico runrún de Los diez mandamientos u otra película de la Biblia en la tele. Más tarde, sexo. El sexo en día santo es una actividad de descanso, que se hace sin prisa, como cualquier otro pasatiempo; a diferencia de los días aconfesionales, cuando el sexo es un desahogo que se hace para descargar tensiones. A medida que cae la tarde descansas con el sonido de la procesión en la calle, que a ratos confundes con una manifestación. Por la noche te duermes lamentando tener que madrugar al día siguiente, pero rezando por no perder tu trabajo –ni tu pareja-. Contradictorio. Como la religión.

Siete
Estás en casa, tu santuario. Tienes cincuenta y cinco años. Te sientas en el sofá para ver la peli de turno sobre algún pasaje de las Sagradas Escrituras. Tu hijo ha tenido que echarse a un lado para cederte tu sitio. Tu sitio es sagrado. Como las Escrituras. En todo caso, el único que puede ocuparlo es tu perro, al que adoras; tanto que el resto de tu familia siente celos. Tu pareja se cela porque le das más cariño al perro que a ella. Envidia. Tus hijos también, pero jamás lo admitirán. Soberbia. Tu perro nunca se queja, no te responde; y te adora tanto como tú lo adoras a él. Vuestra fe el uno en el otro es un culto de conveniencia. A tu edad necesitas volcar tu fe en algo que no te castigue, algo fácil y seguro. Y con Dios nunca se sabe. A tu edad la seguridad es una necesidad. Pereza.

Fuente: El País




Los planes de los países ricos contra el calentamiento son insuficientes

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Emisión de gases industriales en la bahía de Algeciras en 2006. / JOSÉ BIENVENIDO (EL PAÍS)

Los planes de los países ricos contra el calentamiento son insuficientes
La ONU recibe los objetivos de recorte de emisiones ante la cumbre de París.

Un total de 32 países desarrollados, que son responsables de casi el 80% de las emisiones de gases de efecto invernadero del mundo industrializado, han presentado ya sus planes a Naciones Unidas para mitigar el cambio climático, de cara al acuerdo internacional que se quiere alcanzar en la cumbre de París a finales de este año. El objetivo establecido por los científicos para evitar el umbral climático de peligro —aumento de la temperatura media del planeta en dos grados centígrados— sería una reducción de entre el 40% y el 70% de las emisiones globales, hacia mediados de siglo, respecto a 2010. Esto significa que los países desarrollados, en conjunto, deben reducir sus emisiones entre el 80% y el 90% (respecto a 1990), hacia 2050. Y el objetivo que debería salir de París, para que sea efectivo a partir de 2020, todavía esta lejos.

La UE, “actuando en conjunto” los 28 países que la integran, está dispuesta a reducir un 40% sus emisiones en 2030, respecto al nivel de 1990, según ha comunicado a la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (UNFCCC, en sus siglas en inglés). Mientras, EE UU, en su comunicación del pasado martes, se fija una reducción del 26% al 28% — “esforzándose por el 28%”— en 2025, pero respecto a sus emisiones de 2005, y hay que tener en cuenta que en esa fecha eran un 16% superiores a las de 1990. “Podemos lograr este objetivo utilizando las leyes que ya están publicadas y estará establecido cuando el presidente deje el cargo”, declaró Brian C. Deese, asesor de Obama para cambio climático, según informó The New York Times.

La UE quiere reducir un 40%, en 2030, respecto al nivel de 1990
Rusia, inmediatamente después de conocerse la oferta estadounidense, ha presentado la suya: limitar, en 2030, al 70%-75% de sus emisiones de 1990. Suiza, el primer país en dar a conocer sus objetivos (a finales de febrero), es también el más ambicioso por ahora, con una reducción del 50% de sus emisiones en 2030 respecto a 1990. Y Noruega se apunta con el mismo plan de la UE: 40% en 2030 sobre el nivel de 1990.

Estas comunicaciones nacionales responden a lo establecido en la cumbre mundial del clima, celebrada en Lima a finales de 2014, cuando se acordó que los países presentaran a la UNFCCC sus intenciones, a ser posible en el primer trimestre de 2015.

China no ha presentado aún oficialmente su objetivo, pero se espera que se ajuste a lo acordado en noviembre del año pasado con EE UU (cuya propuesta se inscribe en dicho acuerdo): empezará a contener sus emisiones a partir de 2030.

En los acuerdos del clima se tiene en cuenta el principio de “responsabilidades comunes pero diferenciadas”, atendiendo no solo al diferente nivel de desarrollo y necesidades de los países, sino también al hecho de que los industrializados han venido emitiendo incontroladamente durante décadas gases de efecto invernadero y ellos deben hacer el principal esfuerzo para reducirlas ahora. Sin embargo, el consenso general es que las grandes potencias emergentes han de comprometerse también con acciones efectivas ante el problema del calentamiento del planeta.

EE UU rebajará un 26% en 2025, y China se estabilizará en 2030
Además de los 32 países desarrollados que ya han hecho sus comunicaciones a la UNFCCC (faltan Japón, Canadá, Australia y Nueva Zelanda), han presentado sus documentos México (nivelar sus emisiones hacia 2026) y Gabón, que quiere jugar un notable papel medioambiental en el continente africano. “Se espera que Brasil, India e Indonesia sigan la línea de México proponiendo un compromiso incondicional y un objetivo más potente si los países desarrollados estuvieran dispuestos a elevar los suyos”, comentó la revista Nature esta semana citando a Alden Meyer, de la Unión de Científicos Preocupados.

Los esfuerzos hasta ahora expresados, incluidos los de los 28 países de la UE, EE UU, Rusia, Suiza y Noruega, son todos ellos clasificados de “medianos” de cara a lograr el objetivo de contener el calentamiento global en los dos grados por encima de la temperatura preindustrial, según la Climate Action Tracker, organización internacional con base en Alemania que hace el seguimiento de estas declaraciones de intenciones de los países. También la previsible propuesta de China es “mediana”. Y esto significa que “si todos los países tuvieran ese nivel medio, se sobrepasaría el límite de los dos grados”, señala la Climate Action Tracker.

“En octubre elaboraremos un informe de síntesis agregando el efecto de todas las comunicaciones de los países. Las iniciales claramente no suman las reducciones de emisiones necesarias para contener el aumento de la temperatura global por debajo de los dos grados”, ha señalado Christiana Figueres, secretaria ejecutiva de la UNFCCC. “Se espera que los países industrializados lideren las reducciones mundiales de gases de efecto invernadero y animo a los que aún no han presentado sus comunicaciones a que lo hagan tan pronto como puedan”, añade. A nadie se le escapa que agregar ofertas diferentes, con años bases dispares y condiciones variadas será una labor titánica.

España tendrá que contener sus gases difusos en un 25% o 30%

Aunque la Unión Europea ha presentado ante Naciones Unidas un objetivo colectivo de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero de un 40% en 2030, sobre el nivel de 1990, aún no se ha realizado todo el reparto interno del compromiso entre los 28 países, según informa la Oficina Española de Cambio Climático (Ministerio de Agricultura y Medio Ambiente). “Hay distintos criterios y aún no sabemos cómo se hará el reparto definitivo”, añade.
Pero hay que tener en cuenta que la UE aborda el problema con dos grandes sectores diferenciados: las emisiones difusas, es decir, las del transporte, la edificación, etcétera, y las generadas en las industrias y plantas energéticas. “El reparto [pendiente de las emisiones entre los 28 países de la UE], en todo caso, es en los sectores difusos y “según estimaciones de la OCDE, a España le puede corresponder un objetivo de reducción de entre el 25% y el 30% de las emisiones difusas en 2030 respecto a 2005”, señalan fuentes de Medio Ambiente.
Los sectores energético e industrial están regulados en la UE en el Sistema de Comercio de Emisiones (ETS), por el que se asigna a las plantas una cantidad de gases máxima y pueden completar su cumplimiento comprando derechos en el mercado de emisiones.
“El objetivo [el 40% de reducción] será asumido colectivamente por la UE, de la manera que sea más efectiva respecto al coste, con reducciones en los sectores ETS y no-ETS sumando el 43% y el 30% sobre 2005, respectivamente”, dice el documento aprobado por el Consejo Europeo en octubre de 2014. “Todos los países miembros participarán en este esfuerzo, equilibrando consideraciones de ecuanimidad y solidaridad”.
En el Protocolo de Kioto, cada uno de los entonces 15 países de la UE, incluida España, se comprometió a reducir sus emisiones en un 8% en 2008-2012 respecto a 1990. Pero el objetivo colectivo se repartió entre los países atendiendo a sus situaciones concretas, de manera que muchos de ellos aceptaron (siempre dentro de la UE) asumir mayores compromisos que ese 8%, de manera que otros pudieron aumentar sus emisiones. Así España cumplía con Kioto.
Para el período 2013-2020, la UE mantiene el objetivo de reducir las emisiones en un 20% sobre el nivel de 2005 y, en el reparto de las difusas, España tiene asignada una caída del 10%. En cuanto al ETS, para este mismo período, más de 11.000 plantas energéticas e industriales, así como compañías aéreas, están incluidas en el sistema, cubriendo el 45% de las emisiones de la UE.




Una vacuna personalizada multiplica las defensas frente al cáncer de piel

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La vacuna amplía la respuesta inmunológica de pacientes de ciertos cánceres de piel. SCIENCE

Aunque nadie desdeña el papel de la quimioterapia, que tantas vidas salva del cáncer, una nueva estrategia lleva años protagonizando los congresos médicos sobre oncología. Es la inmunoterapia, definida por la revista ‘Science’ como el avance científico del año en 2013 y que es obvio que va a seguir dando que hablar en los próximos años.

El último hito en esta forma de lucha frente al cáncer lo publica esta misma revista y lo protagoniza la investigadora venezolana Beatriz Carreño que, desde su laboratorio de la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington, firma el primer experimento que demuestra que vacunas personalizadas desarrolladas a partir del propio tumor del paciente consiguen mejorar su sistema inmunológico para atacar al cáncer, en este caso melanoma avanzado, precisamente el tipo de cáncer que más se ha beneficiado hasta ahora de la inmunoterapia.

Por el momento, la vacuna se ha aplicado a tres pacientes y los autores se apresuran a aclarar que aún no se ha demostrado la eficacia de esta estrategia como tratamiento a largo plazo, ya que el ensayo está diseñado solo para saber si la inmunización despertaba al sistema inmunológico y si era segura. Ni siquiera se puede considerar un ensayo en fase I, la más precoz de la investigación clínica, sino una prueba de concepto.

Fabricar estas vacunas a la carta no ha sido fácil. En primer lugar los investigadores tuvieron que secuenciar el genoma completo de cada tumor, así como muestras de tejido sano de cada paciente. El objetivo: identificar los neoantígenos únicos para las células tumorales, algunos de los cuáles serían los ingredientes esenciales de la vacuna. Aunque todas estas proteínas eran candidatas, solo se podían escoger los más proclives a provocar una respuesta inmunológica potente.

Una vez escogidos los ingredientes de la vacuna, faltaba saber cómo hacerlos llegar al sistema inmune y, para ello, los científicos utilizaron a unas viejas conocidas de la inmunología, las células dendríticas, que se podría decir que organizan la acción de las células T, soldados clave a la hora de atacar organismos extraños. De hecho, este tipo de células se han utilizado no solo en esta vacuna frente al cáncer, sino también en inmunizaciones para el VIH.

Carreño explica a EL MUNDO que en su laboratorio han conseguido «madurar» esas células dendríticas para fomentar la producción de citoquina IL-12, «crítica para inducir una respuesta inmune». La científica señala que esto hace diferente a su candidato de otras aproximaciones hacia la vacuna contra el cáncer, al igual que otra característica exclusiva. «La vacuna dirige la actividad inmune contra proteínas exclusivamente expresadas en el tumor» que se han identificado con secuenciación genómica de última generación. «Este tipo de inmunización no se había efectuado anteriormente en pacientes», destaca la experta.

La idea es que estas proteínas mutadas sean reconocidas por el sistema inmune como extrañas, lo que sucede habitualmente con los virus. La razón de base por la que las defensas no atacan a los tumores es porque las células cancerosas son parte del propio organismo, por lo que a las células encargadas de defender no ven el peligro hasta que es demasiado tarde.

Otra novedad de la propuesta es que su uso final, si se confirma su eficacia, podría no ser el tratamiento del cáncer en sí sino una estrategia preventiva frente a las recaídas, algo que podría aplicarse a los pacientes tras una cirugía eficaz. De hecho, los tres participantes eran enfermos de melanoma ya operados pero que tenían ganglios linfáticos afectados lo que elevaba su riesgo de recurrencia. Aunque la vacuna se les administró semanalmente durante cuatro meses, Carreño destaca que los pacientes «no presentaron ninguna toxicidad y pudieron continuar con su vida cotidiana».

La inmunización se ha probado en melanoma porque es un tipo de tumor con un elevado número de mutaciones genéticas. Por esta razón, los autores consideran que otros tumores altos en mutaciones como el cáncer de pulmón, podrían beneficiarse de la estrategia.

La inmunoterapia en fármacos, una realidad

Aunque el artículo de hoy en Science habla de las vacunas para despertar al sistema inmune frente al cáncer, los fármacos con este mismo fin ya están en el mercado, con cada vez más indicaciones y para tipos diferentes de cáncer. El primero fue ipilinumab, un anticuerpo monoclonal que actúa frente a CTLA-4, una proteína que frena al sistema inmunológico para atacar el cáncer. En España se aprobó en segunda línea para melanoma avanzado en 2011, pero se acaba de aprobar para ser tratamiento de inicio en esta enfermedad. En EEUU existen otros dos fármacos de inmunoterapia, el pembrolizumab, que actúa contra el receptor PD-1 (involucrado en la muerte celular, justo lo que falla cuando una célula se vuelve cancerosa), aprobado también para el melanoma y el nivolumab, con un similar mecanismo de acción y que se ha aprobado también para el cáncer de pulmón, tras la realización de ensayos clínicos en los que España ha participado activamente. De hecho, este último compuesto se está estudiando para una veintena distinta de tipos de cáncer. Existen muchas más moléculas en distintas fases de la investigación clínica, que se están estudiando tanto individualmente como en combinación con otros fármacos.

Fuente: El Mundo




El sueño de recrear el cerebro humano recibe un baño de realismo

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Simulación de un cerebro humano y una red neuronal. / BBP/EPFL

El megaproyecto europeo de 1.000 millones deberá reformarse por completo tras dos severos informes que critican sus «expectativas poco realistas».
Cientos de científicos se rebelan contra el megaproyecto europeo para simular el cerebro.
Luces y sombras en el Proyecto Cerebro Humano

Tenía que ser como el programa Apolo que llevó a la humanidad a la Luna, un resorte para impulsar la ciencia que lograra emocionar a la ciudadanía, pero se ha convertido en un quebradero de cabeza para Bruselas. Cuando apenas ha empezado a andar, el Human Brain Project (Proyecto Cerebro Humano, HBP), que prometía simular mediante supercomputación toda la complejidad del cerebro humano, ha recibido un severo baño de realismo. Después de que cientos de neurocientíficos se alzaran en armas contra el diseño del megaproyecto —1.000 millones en 10 años—, dos informes han señalado las carencias de una apuesta titánica que entusiasmó más a los políticos que a los científicos. El proyecto debe reformularse de arriba abajo.

Los responsables del HBP y la Comisión Europea exageraron los objetivos y los posibles logros», dice el documento
El HBP convenció a la Comisión Europea para ser uno de los dos buques insignia (junto al grafeno) de la ciencia durante una década —Ciencia más allá de la ficción se llamaba el concurso—, para obtener todo el apoyo económico, político y científico que fuera posible. En aquellos días, a comienzos de 2013, el ambicioso plan era fácil de resumir: al cabo de diez años, podríamos disfrutar de un cerebro humano, en toda su inabarcable y misteriosa complejidad, recreado con los supercomputadores más potentes y eficientes diseñados hasta la fecha. Un hito que nos llevaría a una nueva era de la informática y que acercaría la cura de importantes enfermedades mentales.

«El HBP aborda unos objetivos muy ambiciosos a largo plazo, que no se pueden conseguir en el plazo previsto y con los recursos financieros disponibles», zanja el informe recién presentado por un grupo de expertos, propios y ajenos al proyecto, que pretendía supervisar de forma independiente su situación real. Las conclusiones de estos mediadores son un gran chasco para aquellos que esperaban resultados de ciencia ficción: «Los pronunciamientos de los responsables del HBP y la Comisión Europea exageraron los objetivos y los posibles logros». Los expertos aseguran que se suscitaron expectativas poco realistas, como herramientas para la simulación predictiva del cerebro humano que permitieran la comprensión de sus funciones o el diagnóstico y tratamiento de enfermedades neurodegenerativas. «Esto dio lugar a una pérdida de credibilidad científica del HBP», critican los mediadores.

Los estudios llegan después de que cientos de neurocientíficos se rebelaran contra la gestión del proyecto
Este informe se encargó después de que varios centenares de neurocientíficos europeos escribieran en verano una dura carta a la Comisión en la que reclamaban cambios dramáticos en los objetivos y la gobernanza del HBP, con la amenaza de boicotear sus progresos en caso de ser ignorados. «Estas conclusiones vienen a confirmar que teníamos razón», defiende satisfecho Juan Lerma, director del Instituto de Neurociencias. Lerma fue uno de los impulsores de aquella carta y también uno de los científicos que apoyaban el germen del HBP.

Uno de los principales problemas surgidos en este tiempo ha sido la forma de gestionar el proyecto, con una estructura piramidal y opaca, dirigida por un triunvirato que actuaba como juez y parte, repartiendo fondos y dirigiendo los grupos que los recibían: «La gestión y coordinación del proyecto científico no se realiza con el suficiente rigor», sentencia el informe de los mediadores, para señalar después que las tareas están mal definidas, que los grupos están mal comunicados y que la asignación de presupuestos es «poco coherente y transparente». La financiación de la Comisión pasó de ser 100 millones anuales a 50 anuales más otros 50 que debían conseguirse de los gobiernos nacionales.

Un CERN para el cerebro
Además, el informe de evaluación de la Comisión, planeado para este momento de arranque del proyecto, coincide en casi todos los tirones de orejas con el de los mediadores. «Los procesos de gobierno y toma de decisiones necesitan cambios para asegurar que son sencillos, justos y transparentes», afirma, para hablar más adelante de «expectativas poco realistas».

Como recuerda Lerma, la dirección del HBP ya se ha «descabalgado», un mes antes de la publicación del informe, como respuesta a las muchas críticas. Encima de la mesa está la creación de un gran organismo europeo de investigación del cerebro, como el CERN en física, para coordinar el proyecto (y otros futuros). Además, el HBP ha hecho suyas las conclusiones de los mediadores, como asegura el español Javier de Felipe, director de una de las ramas del proyecto. «Hemos aceptado los cambios planteados tras discutirlo internamente. Asumimos las recomendaciones y ya se ha cambiado la dirección».

Asumimos las recomendaciones y ya se ha cambiado la dirección», admite De Felipe
Y añade: «En gran parte se debe a problemas de comunicación, al levantar expectativas excesivas cuando esto se trata de estudiar mejor el cerebro y sus enfermedades, y de llevar ese conocimiento a la mejora de la computación. No era realista lo planteado a 10 años vista», asegura De Felipe, investigador del Instituto Ramón y Cajal. «Es frustrante», lamenta, «que todo lo que recibamos son críticas y que no se haga énfasis en todo lo que se ha conseguido con cientos de laboratorios implicados». El neurocientífico atiende por teléfono desde Londres donde están reunidos para coordinar cómo hacer modelos con los datos que se están generando.

Los problemas no son solo de gobernanza: hay pegas de mucho contenido científico, como la decisión de dejar fuera a la rama cognitiva de la neurociencia, que estudia el proceso mental de procesamiento de la información, o evitar investigar en animales intermedios (roedores y primates no humanos) antes de aventurarse a reconstruir el cerebro humano, el más complejo que existe. «Están tratando de cambiar por completo el rumbo de un trasatlántico, es difícil pero no imposible», sugiere Miguel Maravall, investigador del CSIC y otro de los firmantes de la carta a la Comisión. «En Bruselas se dejaron llevar por el entusiasmo en su apuesta por proyectos arriesgados, locos, estimulantes», explica Maravall, «luego llegaron las matizaciones».

La evidencia última es que la neurociencia está todavía en una fase demasiado preliminar del cerebro humano como para plantear objetivos tan ambiciosos como entender por completo su funcionamiento en una década. «Estamos a mucha distancia de otras disciplinas, el conocimiento del cerebro no es como el del cáncer, por ejemplo», explica Lerma. «No se está descafeinando el proyecto, es simplemente poner los pies en el suelo. No se puede ir a la Luna si no se tienen los equipos necesarios. Ellos estaban planteando llegar a la Luna con la tecnología de hace 70 años».

Fuente: El País




Lo que dices en Facebook guiará la inversión de un fondo de alto riesgo

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El ‘hedge fund’ Tashtego analizará el sentimiento inversor en las redes sociales para apostar en la Bolsa. Twitter le dice lo que hará la Bolsa.

La gente comparte en Facebook y Twitter más información de la que uno se imagina y hay una empresas de fondos de alto riesgo, Tashego, que espera sacar provecho de ello. Tashego, respaldado por uno de los primeros inversores de Twitter, Spark Capital, planea poner en marcha un fondo que se basará en el sentimiento inversores y el comportamiento que reflejan las redes sociales para apostar en la Bolsa, según explicó el jefe de inversor, Arthur Mateos.

El nuevo Fondo Social Equity Fund (que se podría traducir por Fondo Social de Acciones), que se apoya en algoritmos y tiene su base en Boston, alcanzará un capital de alrededor de 1.000 millones de euros, según el ejecutivo.

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Spark Capital, un grupo inversor de 2.000 millones de dólares, decidió hace cinco años formar un equipo que utilizaría la información que fluye de su cartera de empresas y otros negocios para tomar decisiones comerciales. La empresa fichó entonces a Mateos, Karla Usalis y Jason DeBettencourt para emprender el negocio de Tashtego, llamado así por un arponero en la novela Moby Dick, que recupera el aceite de una ballena.

La estrategia de Tashtego implica el seguimiento de todo uso de redes sociales como Twitter y Facebook, y comunidades en línea creado específicamente para los inversores para compartir y seguir las ideas de otros comerciales. Toro sede en Tel Aviv, cuya partidarios de riesgo temprana incluyen Spark Capital es la mayor red de este tipo de inversión social.

Las llamadas redes de inversión social han ganado popularidad en paralelo al abrigo que cómo lo han hecho grandes grupos como Twitter. Comenzaron a mediados de la pasada década, sobre todo dentro de los mercados de divisas, y luego se expandieron a las acciones cotizadas. Antes de poner en marcha el fondo el año pasado, Tashtego comenzó una piscina de tipo de cambio en el año 2013 con el comercio sobre la base de datos de las redes sociales, dijo Mateos.

Mateos, que comenzó su carrera como físico nuclear experimental en el Instituto de Tecnología de Massachusetts, fundó luego la firma Service Integrity, un proveedor de software de inteligencia económica para el mundo de los de negocios en tiempo real, y fue gerente general de tecnologías emergentes.

Spark Capital, que posee una participación mayoritaria en Tashtego, es también un inversor en sus fondos de cobertura. Santo Politi, socio general de Spark, declinó hacer comentarios sobre la recaudación de fondos de Tashtego.

Fuente: El País




Un informe acusa a Facebook de rastrear a los internautas ilegalmente

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La Agencia de Privacidad Belga, integrante de una acción europea que investiga cómo trata la privacidad esta red social, asegura que el gigante de Zuckerberg rompe el marco legal europeo. La compañía afirma que el informe es «incorrecto». Facebook traza sus líneas rojas.

El archivo se llama datr. Y funciona como un sabueso cada vez que uno, sea usuario o no, entra en una página del dominio Facebook.com. Tiene una duración de dos años y envía información a la red social sobre qué webs visita el usuario de entre las más de 13 millones que contienen un botón de like a Facebook. Da igual que el usuario lo pulse o no. Estas y otras cookies —archivo que marca a los internautas para guardar un registro de su comportamiento en Internet— son uno de los puntos en los que Facebook rompe la legalidad europea según un informe de 65 páginas encargado por la Comisión de Privacidad Belga y desvelado en exclusiva por The Guardian. «Estas cookies significan: Facebook rastrea a sus usuarios por la red incluso si no hacen uso de los plug-in sociales [por ejemplo, los botones de like que redirigen a Facebook] y aunque no estén logueados [con su perfil de Facebook activo]; y este rastreo no se limita a los usuarios de Facebook».

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Para los autores de este informe —elaborado bajo el encargo de la agencia belga por el Centro de Legalidad Interdisciplinar e ICT (ICRI), el departamento de la Universidad de Leuven y el departamento de medios, información y telecomunicación de la Universidad Vrije de Bruselas—, esta actuación de Facebook rompe la legalidad europea. En concreto, el artículo 5(3) de la directiva e-privacy aprobada en 2002 por el Parlamento Europeo en la que se prohíbe el uso de cookies para los usuarios que no se suscriban a una web salvo que se trate de facilitar la «transmisión de comunicación» o para proveer de un servicio social de información que haya sido «explícitamente requerido por su suscriptor o usuario». Según este estudio, el uso que Facebook hace de su datr. no cae en ninguna de estas excepciones.

La respuesta de Facebook

«Virtualmente todas las webs, incluida Facebook, usan legalmente cookies para ofrecer servicios. Las cookies han sido un estándar de la industria desde hace más de 15 años.Si la gente quiere salirse de recibir publicidad basada en las páginas que visitan, pueden hacerlo a través del EDAA, con cuyos principios y sistema de salida cumplimos nosotros y más de 100 compañías. Facebook lleva este compromiso un paso más allá: cuando usas la salida EDAA, la aplicamos para todos los dispositivos que usas y no verás ya anuncios basados en las webs y apps que utilizas».
«Estamos decepcionados con esta opinión de la Agencia de Protección de Datos Blega, que entendemos que lo ha comisionado y que se ha negado a reunirse con nosotros o clarificar la información incorrecta sobre este [las cookies] y otros asuntos. Esperamos colaborar con ellos y que estén listos para corregir su trabajo a su debido tiempo».
Comunicado oficial de Facebook.
La respuesta oficial del gigante de Mark Zuckerberg es que el análisis del informe es «incorrecto». «Estamos decepcionados con esta opinión de la Comisión de Protección de Datos Belga, que entendemos que lo ha comisionado y que se ha negado a reunirse con nosotros o clarificar la información incorrecta sobre este [las cookies] y otros asuntos. Esperamos colaborar con ellos y que estén listos para corregir su trabajo a su debido tiempo». El comunicado oficial de Facebook también recuerda que las cookies son una práctica usada por «virtualmente todas las webs» de «forma legal». Y que el usuario siempre puede optar por prohibir que se le publiciten productos basados en las webs que visitan firmando el acuerdo EDAA pactado por más de 100 empresas para el territorio de la Unión Europea. Pero nada dice de que el estudio también critica cómo actúa Facebook en este caso. Es más, afirma que, incluso para usuarios que limpien sus cookies o que jamás hayan entrado en dominios Facebook.com, «usar el mecanismo de salida propuesto para la Unión Europea de hecho permite el rastreo de Facebook» a través del archivo datr. Además, los autores de este estudio han confirmado que no han sido contactados aún por Facebook, a pesar de lo que afirma el comunicado oficial de la red social: «No hemos sido contactados por Facebook directamente ni hemos recibido ninguna petición de reunión. No nos sorprende que Facebook tenga una opinión diferente en cuanto a qué requieren las leyes de protección de datos. Pero si Facebook siente que el informe contiene errores factuales, recibiremos con alegría cualquier enmienda específica que quieran hacer», han declarado los líderes de la investigación a The Guardian.

Los responsables del informe aseveran que la agencia belga forma parte de una fuerza especial europea que se encuentra analizando cómo trata la privacidad Facebook. La Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) ha afirmado que también se encuentra en esta acción: «La AEPD ha iniciado de oficio [por iniciativa propia] un procedimiento que actualmente se encuentra en fase de actuaciones previas de investigación. La Agencia actúa de forma coordinada con otras Autoridades de protección de datos europeas, que también han iniciado sus respectivos procedimientos».

Fuente: El País




La Biblia, bajo el microscopio

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¿Qué hubo de cierto tras las plagas de Egipto, el Diluvio Universal, la edad de Matusalén, las visiones de los profetas o los ritos de muerte y resurrección?

Steve Jones rastrea en ‘Ciencia y creencia’ las explicaciones científicas que subyacen en los relatos del libro sagrado

El ensayo Ciencia y creencia, editado por Turner, mantiene que la Biblia no ofrece relatos deliberadamente poéticos sino que constituía el manual disponible en la época para comprender el mundo y, por tanto, es el antecedente directo de la ciencia. Según Steve Jones, el Diluvio Universal pudo ser la manera de explicar la gigantesca inundación con la que concluyó la Edad de Hielo, y las plagas de Egipto guardan un parentesco cierto con las epidemias que han asolado el mundo desde siempre. El autor reconoce el poder cohesivo de la fe, que tiene una traducción demográfica y -por ende- genética indiscutible, así como la inclinación natural del hombre a creer en un ser superior. Sin embargo, opina que en las sociedades modernas la religión debe dejar en manos de la ciencia la tarea de alumbrar un sistema universal de valores compartidos.

ESPERANZA DE VIDA: ANTE UNA NUEVA ERA DE MATUSALÉN

Vidrios de Canterbury.

Te reunirás en paz con tus antepasados y te enterrarán muy anciano. (Génesis 15, 15)

De todos los patriarcas, Matusalén se lleva la palma en longevidad con sus 969 años. Sin embargo, la esperanza de vida en tiempos bíblicos apenas superaba los 30. Hasta hace no mucho, la pérdida de un hijo era más común que la de un padre o un abuelo en nuestros días. Desde el siglo XIX, informa Jones, la longevidad en el mundo desarrollado se ha disparado a la pasmosa velocidad de seis horas diarias. De hecho, «la existencia en el mundo moderno, por frenética que pueda parecer, es en realidad más lenta que nunca».

Sin embargo, la opulencia conlleva sus propias amenazas: la obesidad ocupa el lugar que antaño tenía la hambruna. Los hombres, por su parte, pagan los efectos de su exceso de testosterona y mueren más jóvenes que sus esposas.

El envejecimiento, al que parecía inmune Matusalén, aparece ante los ojos de la ciencia como «un efecto secundario de los mecanismos genéticos» que nos protege contra el crecimiento descontrolado de las células (cancerígenas) que deberían morir y no lo hacen. «El cáncer es la inmortalidad en estado salvaje», sentencia Steve Jones en un libro que es un catálogo de aforismos.

Aquí introduce el autor una vuelta de tuerca al consignar que, a pesar de todo, la envidiada tasa de mortalidad sueca, una vez eliminados de la estadística los efectos de las enfermedades, la inanición y la guerra, «no ha cambiado para nada desde su pasado turbulento a su presente socialdemócrata». Conclusión: los suecos rozan los límites físicos de la longevidad humana, «y los cambios sociales y el progreso médico podrían no llevarlos mucho más lejos».

La verdadera némesis es el deterioro inevitable de la maquinaria del cuerpo, que «se ha movido al mismo ritmo aun cuando nuestros enemigos externos hayan sido derrotados». Por eso la advertencia bíblica de que la muerte no puede retrasarse demasiado («El hombre, puesto que es de carne, no vivirá más que 120 años») está en lo cierto, concede Jones. Los que lamenten esa perspectiva tienen el consuelo de las palabras de Dios a Job: «Bajarás a la tumba sin achaques, como una gavilla en sazón».

VISIONES: CUANDO EL CEREBRO SE EQUIVOCA

Éxtasis de Santa Teresa
Entonces me espantas con sueños y me aterrorizas con pesadillas. (Job 7, 14)

Desde la famosa rueda de Ezequiel, las visiones desempeñan un papel crucial en la Biblia. Algunas pueden atribuirse a trastornos mentales, que en el caso de la epilepsia y la esquizofrenia han estado envueltas en misticismo en la Historia, pero a Jones le interesa más ahondar en la capacidad del cerebro para engañarse. Indaga sobre todo en los cambios bioquímicos en personas obligadas a meditar, es decir, recluidas a la fuerza. Drogas como las halladas en cálices filisteos podrían explicar otros éxtasis.

EL ORIGEN DEL MUNDO: ¿QUÉ HABÍA ANTES DEL PRINCIPIO?

‘La creación de Adán’ pintada por Miguel Ángel en los techos de las bóvedas de la Capilla Sixtina del Vaticano. LUCAS SCHIFRES
En el principio creó Dios el cielo y la tierra. La tierra era una soledad caótica y las tinieblas cubrían el abismo (Génesis 1, 1-2)

Nadie duda de la fuerza poética ni de la economía expresiva del Génesis, que en 700 palabras recorre lo que va del origen del universo a la irrupción del Homo sapiens. Jones, renunciando a competir, se pregunta cuándo fue el principio y qué había antes, admitiendo que «lo que desencadenó el Big Bang es un misterio»: los astrónomos pueden explicar sobre todo qué pasó después. Eso sí, «al igual que el cosmos, la biología tuvo que surgir de repente, o no surgiría en absoluto».

Escribe Jones sobre el origen de la vida, ese momento en que la química se convirtió en biología: «A medida que la Tierra se agitaba, iba sacando a la luz minerales desde las profundidades, que al contacto con la lluvia creaban un caldo de cultivo químico y fecundo del que se alimentaron los primeros organismos».

Sabemos poco de nuestros orígenes porque la biología «destruye su propia historia» a través de la selección natural. Pero sí conocemos lo que nos espera: «El cielo se deshará en el fuego y los elementos se derretirán abrasados», dice San Pedro; abrasados o helados, eso no lo aclaran los científicos, dentro de 10 años seguidos de cien ceros todo será oscuridad y el tiempo habrá tocado a su fin.

GUERRA DE LOS SEXOS: PLACENTERA LUCHA DE CONTRARIOS

Tu vientre, un montoncito de trigo rodeado de azucenas. Tus pechos, dos crías mellizas de gacela. (Cantar de los Cantares 7, 3-4)

En la Biblia hay amor a espuertas, cargado de sexo en el Antiguo Testamento y centrado en Dios o en Jesucristo en el Nuevo. Tras la promesa de la serpiente, Adán y Eva descubren la vergüenza y el negocio del sexo se complica, encerrado entre la culpa y el proceso de reproducción. Steve Jones arroja luz sobre la vergüenza vinculada a la suciedad y cuyo origen puede datar la genética rastreando las mutaciones de los piojos de los chimpancés y de los humanos, una vez que éstos comenzaron a cubrirse con ropas. «Tanto la ciencia como la mitología ven el sexo como un tema lleno de conflicto, negociaciones y contradicción», se lee en la obra, dado que el proceso tiene que equilibrar «los intereses de hombres y mujeres» y conjugar satisfacción inmediata con recompensa diferida. Las reglas y circunstancias en que debía practicarse constituyen buena parte de los relatos bíblico y biológico.

Jones considera justificada la asociación bíblica entre sexo e impureza «pues refleja un vínculo real con las enfermedades» que han afligido al hombre, sus cultivos y sus animales desde la creación de la agricultura. «Los parásitos y los huéspedes -sostiene- libran una batalla infinita en la que ningún bando puede permitirse bajar las defensas».

El genetista plantea sabrosas hipótesis sobre por qué sólo existen dos sexos, las estrategias divergentes de varones y hembras o las causas de la «reticencia femenina». Al remontarse hasta el principio de todo vuelven los grandes interrogantes. ¿Cómo escapó la vida de su «prisión clónica» para dar paso a esa forma de cooperación mitigada, placentera y conflictiva llamada sexo?

DILUVIO UNIVERSAL: RETORNO A LOS TIEMPOS DE NOÉ

Las aguas subieron unos siete metros por encima de los montes más altos. (Génesis 7, 20)

El Diluvio Universal, pintado por Miguel Ángel.
Las lágrimas que Isis derrama por Osiris (Egipto), la rana que vomita toda el agua del mundo (Australia), el siluro gigante que la remueve en un violento tsunami en la mitología japonesa… Steve Jones recuerda que más de 300 leyendas en todo el mundo se acomodan al mito del Diluvio Universal, que guarda relación con las inundaciones que afectaron al Mar Negro tras la última glaciación, cuando el aumento de temperatura deshizo el hielo que cercaba los lagos y las aguas se adueñaron de grandes extensiones. La promesa del Señor de que la marea no volvería a superar determinado punto se ha mantenido desde el Éxodo hasta el siglo XX. A partir de entonces el hombre ha provocado un calentamiento que originará la pérdida de superficie helada y la subida irremediable del nivel del agua.

LA SEMANA SANTA: EL DOLOR Y LA FE, FUERZA DE UNIDAD

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‘El Descendimiento’, de Rubens.

Jesús, dando de nuevo un fuerte grito, exhaló el espíritu (Mateo 27, 50)

Que nadie espere de Ciencia y creencia una descalificación sistemática y despectiva de los relatos más o menos poéticos de la Biblia. Antes bien, Jones admite que la fe es «una fuerza de unidad» desde el punto de vista genético, algo en lo que coincide con Nicholas Wade, sujeto de una reciente polémica, y hasta con Marx, que, junto a «la religión es el opio del pueblo», anotó: «Es es el suspiro de las criaturas oprimidas, el corazón de un mundo sin corazón y el alma de las situaciones desalmadas».

El poder de la creencia como «adhesivo social» se pone de manifiesto, escribe Jones, incluso después de la muerte. «La Iglesia no tardó en percatarse, con lo que el dolor y la recuperación están en el centro del mensaje cristiano», y la Semana Santa, con su invocación de la muerte y resurrección de Jesús, es la mejor prueba de ello. Incluso en un país laico, el dolor vincula a la gente y «asegura a los dolientes que la sociedad comparte y diluye» su pena.

Reconociéndose no creyente, Jones dice haber añorado el consuelo de un rito religioso cuando fallecieron sus padres, enterrados de acuerdo con unas ceremonias humanistas que le resultaron «insuficientes» en comparación con los «rituales familiares y elocuentes que vinculan a los que se quedan con los fallecidos y entre sí».

El genetista inglés vivía en 2011 en la misma calle que la cantante Amy Winehouse. A su muerte observó asombrado las muestras de dolor de miles de personas que «intercambiaban muestras de conmiseración e incluso lágrimas con desconocidos», y todo ello por una persona a la que tampoco conocían. Entonces se percató mejor que nunca del poder del grupo.

Pero las confesiones, a medida que crecen y se diversifican, «dividen mucho más que unen», como demuestran las guerras de religión y los propios cismas internos, a menudo tan cruentos como aquéllas.

Fuente: El Mundo




¿Qué es eso del ‘big data’?

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Lo mencionan en conferencias, charlas y facultades. Aclaramos el concepto de moda. O lo que es lo mismo: lo que todas las empresas quieren saber de usted.

En los años noventa, el informático teórico estadounidense John Mashey publicó un artículo titulado Big Data and the Next Wave of Infrastress (Big Data y la próxima ola de Infrastress), popularizando el término que hoy nos ocupa. En él, Mashey hacía referencia al estrés que iban a sufrir las infraestructuras físicas y humanas de la informática debido al imparable tsunami de datos que ya se oteaba en el horizonte, inmanejable con los instrumentos de gestión al uso. Desde luego no se equivocaba. Hoy, recién iniciado el siglo XXI, se generan, según la Unión Europea, 1.700 nuevos billones de bytes por minuto. Equivale, dicen, a unos 360.000 DVD, lo que de media vienen a ser seis megabytes por persona y día (más o menos la cantidad de datos que generaba en toda su vida una persona del siglo XVI). Pero esto no ha hecho más que empezar: en los próximos cinco años duplicaremos ese chorreo desaforado de dígitos binarios. Algunas cifras: cada día se realizan, por ejemplo, más de un billón de consultas en Google, más de 250 millones de tuits en Twitter, 800 millones de actualizaciones en Facebook, 60 horas de vídeos subidos por minuto en YouTube, 10.000 transacciones mediante tarjeta de crédito por segundo…

Cada clic es una confesión
¿El objetivo? Predecir el tiempo, analizar parámetros de salud, mejorar la eficiencia energética y, sobre todo, vender más y mejor
La ingente cantidad de información que producimos procede de un sinfín de dispositivos que forman parte de nuestra vida cotidiana. Con ellos emitimos una retahíla de datos que van conformando nuestros avatares digitales. Cada vez que clicamos en Amazon, ese gesto queda consignado. Cuando pagamos con la tarjeta la compra del supermercado, dejamos rastro de qué hemos comprado y a qué precio. Cuando realizamos las lecturas de los contadores de electricidad o del gas constatamos digitalmente el consumo que hacemos. Cuando opinamos en la Red, colgamos imágenes, realizamos compras online o utilizamos una app, el big data sabe un poco más de nuestros gustos. Lo mismo sucede cuando subimos a un avión, mandamos un paquete por mensajería, accionamos el GPS del coche o el sistema domótico de casa. O cuando llamamos a una empresa y nos dicen que, por seguridad, la llamada quedará grabada. O cuando nos recetan medicinas, nos ingresan la nómina o pagamos la hipoteca. ¿Se imaginan los ajustadísimos retratos que se podrían extraer de cada uno de nosotros optimizando el análisis de todos esos datos? De eso trata el big data. Es el término que afronta la labor de almacenar, clasificar, analizar y compartir ese cúmulo masivo de información. De lidiar con las denominadas “tres uves” del big data: gestionar un volumen de datos descomunal a la mayor velocidad posible considerando su extraordinaria variedad.

¿Los datos nunca mienten?
El lado bueno del ‘big data’

Pese a los riesgos, del big data saldrán infinitos beneficios para el común de los mortales. La lista de aplicaciones en funcionamiento es inmensa. Muchas se explican en el libro The Human Face of Big Data, de Rick Smolan y Jennifer Erwitt, o en su app derivada. Una gran cantidad de ellas funcionan gracias a los datos emitidos por las tarjetas SIM de los celulares. Hoy, la mayor parte de las personas, vivan en Suecia o en Sierra Leona, disponen de teléfono móvil, aunque sea de gama baja. Las tarjetas SIM permiten localizar a los usuarios, lo que, en combinación con imágenes de satélite, resulta de gran utilidad para seguir en tiempo real, por ejemplo, campañas de vacunación o descubrir pueblos enteros que no aparecían en el mapa y a los que las vacunas no podían llegar. O para localizar grupos de personas tras una catástrofe: en 2010, tras el terremoto de Haití, muchas personas huyeron de la capital y gracias a la interpretación de los datos pudieron ser ubicados y atendidos por los equipos de emergencia. Los dispositivos inteligentes también incrementan la predicción y prevención de las pandemias globales. ¿Y las ciudades inteligentes? Cada vez tendremos cities más smart como resultado de los artilugios conectados a la Red. Optimizaremos los problemas de tráfico, la red de transportes públicos, la gestión del agua y la energía, la seguridad ciudadana y muchas cosas más.
Según Viktor Mayer-Schönberger y Kenneth Cukier, autores del libro Big Data: a revolution that will transform how we live, work and think, los peligros que se deducen de la gestión de esos datos son, lógicamente, los relacionados con la privacidad de las personas, en pleno proceso de regresión. Pero hay otros, como el robo de datos para causar daños a terceros o la tendencia a penalizar a personas que, sin haber cometido ningún delito, son, según la correlación de datos disponibles, propensos a cometerlos. ¿Recuerdan Minority Report, la película en la que se planteaba una sociedad cuya policía era capaz de detener a los criminales justo antes de delinquir sobre la base de unas predicciones llamadas el “precrimen”? Todavía no hemos llegado tan lejos, pero sí que existe el riesgo de que pensemos que los datos nunca mienten y que sustituyamos las decisiones humanas por predicciones deterministas. Por ejemplo, ¿debería permitirse que un dron decida por sí mismo, sin supervisión humana, solo en función de una correlación de datos y algoritmos, si debe o no “eliminar a un objetivo”?

Mayer-Schönberger y Cukier definen el big data como “la capacidad de la sociedad para asimilar la información mediante vías novedosas con el objetivo de producir conocimientos, bienes y servicios de valor significativo”. Pero mientras para unos un “valor significativo” puede ser frenar la propagación de una epidemia, para otros, lo es optimizar la operatividad de un cártel de narcotraficantes o asegurar el éxito de un ataque terrorista a gran escala. Marc Goodman hablaba de ello en su aterradora conferencia en TEDGlobal 2012. Goodman, experto en cómo las tecnologías amenazan la seguridad mundial, es consultor de entidades como la Interpol, la OTAN o la ONU, y dirige el Instituto de Crímenes Futuros, dedicado a sopesar la vulnerabilidad derivada de nuestra extrema conectividad.

Se recaban datos en tierra, en las profundidades del océano, en la atmósfera, en el espacio y dentro del cuerpo humano. Existe una minipastilla que es algo así como la versión actualizada del submarino miniaturizado que aparecía en la película Viaje alucinante (1966). Hoy, ese improbable sumergible tripulado se ha sustituido por un sensor ingerible (Ingestible Event Marker, IEM) diseñado por la empresa Proteus Digital Health. Tras ser engullida, esta píldora del tamaño de un grano de arena envía señales eléctricas de alta frecuencia a través del cuerpo que son recogidas por un parche que el paciente lleva de forma externa o implantado bajo la piel. Los variados parámetros que controla son recogidos por su smartphone o desde el ordenador de su médico personal.

La combinación de datos, además, puede revelar hechos insospechados. Eso es lo que ocurrió cuando la cadena Walmart descubrió, a partir del cruce de sus informes de ventas con los datos meteorológicos, que las galletas Pop-Tarts se vendían muchísimo tras la alerta de un huracán, ya que la gente hacía acopio de provisiones. Esa información inesperada provocó que la multinacional posicionara esas galletas de forma destacada cada vez que el hombre del tiempo alertaba de un fuerte temporal, lo que ha redundado en un importante aumento de las ventas. Otro ejemplo: hace un par de años la cadena Target envió a una adolescente de Minneapolis cupones de descuento para productos premamá y de bebé. El padre acudió al centro hecho una furia. Pero a los pocos días la chica confesó que, efectivamente, estaba embarazada. Había comprado complementos vitamínicos, toallitas sin perfume y otro tipo de productos que llevaron al programa informático de la tienda a considerarla una madre en potencia.

Minería de datos
Los datos son el petróleo del futuro, el oro del mañana, afirman los expertos. Sirven para predecir tormentas, huracanes, terremotos, erupciones volcánicas o tsunamis. Para monitorear la evolución del cambio climático. Para conocer el estado de nuestros mares, discernir el comportamiento de los animales o realizar el seguimiento de especies amenazadas… Y por supuesto sirven para vender más y más de la forma más óptima y personalizada. Por ello ya han surgido nuevas disciplinas y profesiones destinadas a encontrar, entre esa ingente amalgama de datos, patrones ocultos y correlaciones inesperadas. Como la denominada “minería de datos”, que recluta especialistas capaces de bucear y descubrir esas conexiones, o a expertos que crean nuevos software para almacenar y gestionar esa avalancha digital. En eso anda Albert Bifet. Este investigador formado en la Universitat Politècnica de Catalunya trabaja actualmente en el laboratorio asiático de referencia en lo que al big data se refiere: el Noah’s Ark Lab de la empresa Huawei, en Hong Kong.

“Me apasiona trabajar con equipos que desarrollan nuevas herramientas de software libre para analizar el big data en tiempo real, sobre la base de los datos procedentes de las redes sociales y de la telefonía fija y móvil”, explica. Este ingeniero participó primero en el proyecto MOA en Nueva Zelanda, luego en el SAMOA, originario de los Yahoo Labs de Barcelona, y ahora implementa este nuevo proyecto para Huawei. “El big data permitirá, entre otras cosas, hacer recomendaciones cada vez más precisas, basadas en el análisis de nuestro rastro y en la comparación con el de otros usuarios”, explica. Las empresas podrán ofrecernos los productos que mejor nos encajan: libros, películas, ropa, música, viajes… cualquier cosa que nuestro terminal smart nos propondrá acertadamente. Somos fábricas de datos andantes. “La infinidad de wearables, esos dispositivos electrónicos llevables que se incorporan al cuerpo o en la ropa para que interactúen con el usuario y con otros dispositivos, son una fuente inagotable de datos y por tanto, una fuente de innumerables funcionalidades, como también lo son todos los objetos que tenemos en casa conectados a la Red”, añade Bifet.

Objetos conectados
En ese uso de Internet a nivel doméstico ha encontrado su nicho profesional la empresa española Green Momit, que diseña y fabrica dispositivos que se adaptan a los hábitos de consumo energético del consumidor. Con los datos recabados, pueden automatizar el comportamiento de los sistemas de control de energía para mejorar su eficiencia y el confort de los hogares, a la vez que comparan sus hábitos con los de otros usuarios. Además, ofrecen a las empresas la posibilidad de consultar esos datos para que puedan optimizar sus sistemas de producción, predecir comportamientos en su red y prever demandas de consumo de energía. “Nuestro primer producto es un termostato Wi‑fi inteligente que puede ser controlado desde cualquier dispositivo móvil y permite ahorrar hasta un 30% en la factura energética”, dice Eduardo Rodríguez, cofundador junto a Miguel Sánchez de Green Momit, la iniciativa empresarial con la que ganaron la edición española del SmartCamp de IBM el pasado mes de noviembre.

Se trata de la revolución de los objetos conectados. La dependencia de la tecnología. La fusión de los humanos con los dispositivos. ¿Podremos, sabremos, querremos vivir sin ellos? Todo a punta a que no, no y no. Dependeremos de los omnipresentes devices a todos los niveles. ¿Incluso a nivel emocional? Puede que sí. Quizá descubramos, finalmente, que nuestra media naranja es, precisamente, uno de estos dispositivos tan supersmart. Como en la película Her, de Spike Jonze, donde el protagonista (Joaquin Phoenix) adquiere un nuevo sistema operativo llamado Samantha al que se acaba enganchando. Ella, que no tiene entidad física, es solo una voz (la de Scarlett Johansson) que se erige como su asistente personal, su consejera, su amiga, su compañera, su hiperculta interlocutora. ¿Su amor? Quién sabe.

Crucemos los dedos para que lo que empezó como una fantasía utópica no acabe por ser una distopía total. El tiempo y los datos lo dirán… Mientras tanto, cuidado. En EE UU, uno de cada tres recién nacidos tiene presencia online desde antes de nacer (a través de su ecografía) y el 92% de los niños de dos años tiene ya su pequeño avatar digital, esculpiéndose non stop a base de las informaciones que los eufóricos papás cuelgan de forma desaforada. Nuestros avatares crecen con el tiempo, haciéndose cada vez más completos, más robustos, más precisos. Y han llegado para quedarse. Puede que para siempre.

Fuente: El País




Un asteroide dos veces mayor que el que mató a los dinosaurios

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Recreación de un asteroide como el que pudo golpear Australia / ESA

Encuentran en Australia los restos de dos cráteres que suman 400 kilómetros de diámetro. Los investigadores buscan evidencias de las extinciones que pudo provocar el impacto
La evolución de la vida puede ser un reflejo de la evolución de la galaxia.

Robert Oppenheimer, padre de la bomba atómica, quedó sobrecogido al ver el estallido de su creación. Poco después de la prueba, en un esfuerzo por poner sus declaraciones al nivel del momento histórico, aseguró que el fogonazo nuclear le trajo a la memoria una frase del Dios Visnú en el Bhágavad-guitá, el libro sagrado del hinduismo: «Ahora, me he convertido en la muerte, destructora de mundos». Pese a las dimensiones del logro, algunos años después, otros científicos identificaron en la Península de Yucatán, en México, los restos de un cataclismo más digno de una divinidad. Hace 65 millones de años, una roca de más de 10 kilómetros de diámetro, del tamaño de Deimos, la luna de Marte, chocó contra la Tierra y la convirtió en un infierno. La energía atesorada en la velocidad extrema con que aterrizó el asteroide, a 20 kilómetros por segundo, 20 veces más rápido que una bala, se liberó en forma de 100 teratones de TNT, mil millones de veces más que las bombas de Hiroshima y Nagasaki. Aquel impacto acabó con la era de los dinosaurios.

Esta semana, se ha anunciado el descubrimiento de otro suceso que puede hacer palidecer aquel choque descomunal. Un equipo liderado por Andrew Glikson, de la Universidad Nacional Australiana, cuenta en la revista Tectonophysics que han encontrado los restos de un cráter de 400 kilómetros de diámetro en la cuenca de Warburton, en el centro de Australia. Aquel socavón inmenso habría sido provocado por un pedrusco que se partió en dos poco antes de llegar al suelo. Cada uno de aquellos fragmentos tenía un tamaño similar al que golpeó México.

Después de millones de años, la erosión y los procesos geológicos de una Tierra viva borraron el cráter, pero los investigadores han logrado identificar las cicatrices de aquella antigua herida. Perforando hasta dos kilómetros de profundidad como parte de una investigación sobre geotérmica, observaron restos de roca que se había convertido en cristal, un fenómeno que podría tener su explicación en la inmensa temperatura y presión que produce un asteroide justo antes del impacto, y una anomalía magnética en profundidad. Además, según ha explicado Glikson, han encontrado enterradas dos “grandes bóvedas en la corteza, formadas como fruto del rebote de esa corteza después de dos grandes impactos”.
El autor principal del hallazgo, Andrew Glikson / D. SEYMOUR
Aquella hecatombe, en la que se desencadenó la energía de cientos de millones de bombas atómicas, pudo tener consecuencias importantes para la evolución de la vida en la Tierra, como el suceso de Yucatán, pero aún queda mucho por estudiar. Glikson reconoce que, pese a haberlo buscado, no han encontrado ninguna extinción que coincida con las colisiones. Sobre este punto, Jesús Martínez-Frías, investigador del Instituto de Geociencias, IGEO (CSIC-UCM), considera que “antes de hablar de una extinción es necesario que se determine con exactitud la edad del impacto”. Glikson afirma que podría haber sucedido hace más de 300 millones de años y que las rocas que rodean el lugar que habría ocupado el cráter llegan hasta los 600 millones de años de edad.

A falta de conocer el momento del choque, el análisis de otros casos anteriores sugiere que los asteroides no suelen ser los únicos culpables de grandes extinciones. “Muchas veces el impacto desencadena algo que luego tiene unos efectos a escala planetaria o acaban algo que ya había comenzado”, señala Martínez-Frías. En el caso de los dinosaurios, por ejemplo, durante el millón de años previo al cataclismo, se produjeron prolongadas olas de frío con consecuencias desastrosas para los animales adaptados a un mundo tan caliente como el del Cretácico. El asteroide fue el último empujón para muchas especies que ya estaban al borde del precipicio.

El estudio de estos impactos, como en el caso del descubierto por Glikson y su equipo, resulta complicado, pero es relevante para conocer el papel que desempeñaron en la evolución de la vida sobre el planeta. La desaparición de los dinosaurios pudo facilitar el desarrollo de los mamíferos que, finalmente, acabaron por permitir la existencia humana. Otros científicos han asociado otros cráteres con momentos clave de la evolución. En 2010, un equipo de la universidad australiana de Adelaida relacionó otro cráter de su país, el de Acraman, con un periodo de glaciación que prácticamente cubrió de hielo toda la Tierra. La sacudida que provocó aquella roca fue, según los investigadores, uno de lo factores que permitió la aparición de la fauna Ediacara, unas extrañas formas de vida que son los organismos pluricelulares más antiguos que se conocen.

Ampliando el foco, conocer la fecha de impactos como el anunciado esta semana puede servir para relacionarlos con otros eventos a mayor escala. Investigadores de la Universidad de Lund (Suecia) han encontrado una relación entre un periodo en el que la vida en los océanos floreció, hace unos 470 millones de años, con una etapa en la que una gran cantidad de rocas se desgajó del cinturón de asteroides que orbitan entre Marte y Júpiter. Al golpear la Tierra a gran velocidad, estos objetos gigantescos provocaron tsunamis, terremotos y nubes de polvo que ayudaron a cambiar el clima planetario.

El equipo de Glikson seguirá analizando la escena de aquel crimen en busca de indicios que permitan reconstruirlo. Hacerlo servirá para conocer mejor el papel de los mayores episodios de destrucción vistos sobre la Tierra en la formación de la vida que conocemos.

Fuente: El País




Iberdrola culmina en EE UU su complejo eólico más grande

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El grupo español ha invertido 1.200 millones en Texas

Iberdrola acaba de finalizar la tercera fase del complejo de Peñascal, en Texas (EE UU), con la construcción del parque de Baffin. El campo eólico, que ha requerido una inversión de 1.200 millones de euros, se convierte en el más grande de la compañía en todo el mundo, con un total de 606 megavatios (MW) de potencia. Es decir, lo suficiente para suministrar energía a más de 210.000 familias estadounidenses. Además, evitará la emisión a la atmósfera de unas 850.000 toneladas anuales de CO2.

Baffin, cuya inversión ha ascendido a unos 280 millones de euros, se encuentra en la fase de pruebas de puesta en marcha de sus aerogeneradores, que continuarán en los próximos meses hasta completar su entrada en operación comercial.

Además de Baffin, el campo Peñascal cuenta con otros dos parques: Peñascal I, puesto en marcha en 2009, y Peñascal II, en 2010. El complejo dispone de un total de 269 aerogeneradores (168 de ellos del modelo Mitsubishi MHI 92, de 2,4 MW de potencia unitaria, y 101 de la empresa española Gamesa, del modelo G97 y con dos MW de capacidad).

El campo está ubicado en el condado de Kennedy, en el sureste del Estado de Texas, en una de las zonas con mejor recurso eólico de Estados Unidos y en un punto estratégico entre la frontera de México y la ciudad de Corpus Cristi.

Con su puesta en marcha, esta instalación se consolida como la más importante y emblemática para Iberdrola en Estados Unidos y en el mundo, no solo por su potencia sino también por la importancia socioeconómica que tiene en la zona en donde se ubica. De hecho, se encuentra situado en una zona de carácter muy rural, en la que, desde el inicio de las obras, en 2009, ha dado empleo a unas 400 personas. Además, para la operación y mantenimiento de la instalación contará con una treintena de operadores, lo que ha supuesto un impulso sin precedentes para la economía local.

Con Peñascal, la empresa que preside Ignacio Sánchez Galán reafirma su apuesta por EE UU, donde entró con la compra de Energy East en 2007 y se ha consolidado como el segundo operador eólico tras la adquisición de UIL, empresa que opera en Massachusetts y Connecticut, por 2.647,8 millones de euros. Con presencia en 19 Estados, Iberdrola cuenta con una capacidad instalada de 5.645 MW. Tiene una potencia en renovables de 14.600 MW y una producción eléctrica de casi 34.000 millones de kilovatios hora generados en 2014.

Fuente: El País