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Alta Austria: viñedos, bosques y monasterios

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Uno de los más bellos itinerarios en bicicleta en Europa transita acompañando al río Danubio en la región de Alta Austria. Desde la alemana Passau hasta la ciudad austriaca de Grein, pasando por la vanguardia de Linz y la infame memoria de Mauthausen, este circuito lo flanquean viñedos, bosques y monasterios, gastronomía y sigilo.
Lo jalonan más de 250 variedades de manzanos y perales que dan sidras y mostos amargos, viñedos, coníferas, silencios, hoteles de madera, moqueta ochentera y chimenea, fondas, tartas deliciosas, castillos y monasterios donde burbujean licores y brebajes espirituales y espirituosos. Aparte de cruceros y barcazas gobernadas por veteranos locales, en sus aguas nadan monstruosos siluros y esturiones que parecen surgidos del Cretácico. Poético, romántico, evocador, no tan azul como el vals que inmortalizaron Johan Strauss hijo y Stanley Kubrick en su epopeya espacial, el Danubio ofrece muchas odiseas para ser recorridas en bicicleta. Especialmente en la Alta Austria, un trayecto que viaja desde la germana Passau hasta Sarmingstein reparando en Linz (ruta de 157 kilómetros que puede prolongarse hasta los 330 si se llega a Viena, y que cuenta con 41 circuitos y 165 paradas señalizadas).

Tramos que representan un periplo desde el barroco sinfónico hasta la era digital, sin dejar de lado las cicatrices de la II Guerra Mundial y el infame holocausto. Verdoso baja el caudal del Donau (Danubio en alemán) en el occidente austriaco y compone meandros y relax ideales para la ruta a pedales. Se ajusta el piñón en la fronteriza Passau y en cualquiera de sus empresas de alquiler se puede elegir modelo. Passau marca el mojón inicial de la marcha, allí donde confluyen la intersección del Donau y dos de sus afluentes, el Eno (Inn, en alemán) y el Ilz.

El valle rezuma quietud, en un trayecto plácido, sin pendientes. Pavimentado y separado de la circulación automovilística, hiperseguro, el sendero lo gozan familias enteras (desde el bebé al abuelo) que marchan prácticamente de paseo deleitándose en cada matiz del paisaje. La primera escala se suele hacer en la abadía de Engelszell (data de 1293) donde los monjes trapenses realizan una cerveza estimable bajo los sellos Gregorius, Benno y Nivard, así como un licor poderoso y digestivo.

Entre ángeles, demonios y tartas

Seguidamente, el río fluye recto hasta el recodo más famoso y fotografiado de toda la Alta Austria: el meandro de Schlögen. Debido a la presión del granito del macizo bohemio, el Danubio ha de curvarse con dos espectaculares cambios de dirección. Un buen momento para aparcar la bici en el aledaño hotel Donauschlinge y subir a pie en una breve ruta de trekking para realizar la foto panorámica de rigor. Otras seis elevaciones durante el recorrido, los llamados Siete Picos del Donausteig, también otorgan buenas vistas.

La cuenca de Eferdinger hasta Eferding brinda la imagen del monasterio cisterciense de Wilhering con su iglesia de estilo rococó, también conocida como la iglesia monástica de los 1.000 ángeles. En treinta kilómetros y en un carril bici que penetra hasta el mismo centro se llega a Linz, lo que merece una parada detallada. Un enjambre de bicis pulula por esta orbe que fue capital cultural Europea en 2009 y que destila modernidad y vanguardia.

Fue el sueño delirante del joven Hitler, donde proyectaba una megalópoli que ensombreciera Viena. Afortunadamente, Linz encontró su lugar en el sol por otros derroteros como el Ars Electronica Center o el Lentos Kunstmuseum que flanquean al río con su piel de metacrilato y luces LED. En su centro histórico huele a la archiconocida Linztorte, la tarta más antigua del mundo y que data de 1653. Tras cruzar el Puente de los Nibelungos (que durante la Guerra Fría separaba la orilla rusa y la estadounidense al estilo Berlín), se toma el trayecto hasta Saint Florian y el monasterio cristiano que acoge su tumba.

Sin estrés ni ansiedad

Y de ahí a la ciudad más antigua de Austria: Enns. Su torre del siglo XVI se enseñorea a sesenta metros de altura y se encuentra en el centro de la plaza principal. Hay que subir los 156 escalones para llegar a su campanario, o si se prefiere alojarse en su única habitación, puesto que este edificio civil se desdobla en singular hotel. Los habitantes de Enns han firmado acuerdo de vida slow, erradicando estrés y ansiedades. De la placidez de Enns al horror de Mauthausen y Gusen, campos de exterminio nazis que se sitúan enfrente, en la orilla norte.

Si un proverbial sigilo marca la marcha cicloturista por la Alta Austria, el el silencio reflexivo y la memoria histórica acompañan estos parajes. Sucesivamente y tras reflexionar sobre la maldad superlativa, se alcanzan las poblaciones de Mitterkirchen y su castro celta y por último se avista la ciudad barroca de Grein, con un milenio de historia a sus espaldas.

El viejo teatro o el castillo de Greinburg son algunas de sus atracciones, además de los restaurantes donde dar cuenta de wiener schitznel (el célebre filete empanado) y celebrar la meta tras 157 kilómetros de ruta y doce etapas. Para brindar por ello, buenos vinos locales de la variedad de uva Grüner Veltliner. Esta cepa autóctona produce vinos secos y de reflejos esmeraldinos, como el agua del Danubio en esta magnífica ruta a dos ruedas.

Fuente: Ocholeguas/El Mundo

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